En los últimos años hemos sido testigos de una evolución muy rápida en diferentes campos de la vida humana, y esta evolución no se ha quedado atrás en lo que tiene que ver con el ámbito dental.  Una de estas mejoras está relacionada con el uso cada vez más extendido y perfeccionado de un material, que se ha convertido en el preferido por la mayoría de los protésicos: el zirconio, nombre simplificado que hace referencia al dióxido de circonio (ZrO2), una cerámica de óxido con numerosas propiedades.

El origen de su uso en implantología

El inicio del uso del zirconio como biomaterial se remonta a principios de los años 70 y nace fruto de la búsqueda de materiales nuevos en el campo de la ortopedia que no sufrieran la corrosión propia de los metales. Su uso derivó rápidamente a la odontología para evitar esa misma corrosión en el ámbito de la cavidad oral.

La introducción del zirconio en odontología protésica puede ser reducida al sistema In-ceram (Vita Zahnfabrik), en el cual el zirconio constituía un refuerzo del núcleo en alúmina que se infiltraba con la masa vítrea a altas temperaturas. La presencia del 35% de zirconio en la estructura del núcleo cerámico incrementaba la resistencia a la flexión del nucleo ceramico con respecto a la del material precedente en un 30-40%.  A pesar de mejorar las propiedades mecánicas, el material presentaba límites estéticos que condicionaron su uso.

¿Por qué tanta popularidad? 

Su uso se ha extendido tanto debido principalmente a su biocompatibilidad, además de su alta resistencia y propiedades estéticas derivadas de su color claro y translucidez en paredes delgadas.

Por otra parte, el interés por el desarrollo de sistemas completamente cerámicos se debe al aumento de porcentaje de población que presenta fenómenos de hipersensibilidad a algunos metales que pueden estar presentes en las aleaciones dentales como el níquel y el paladio. La baja conductividad térmica del zirconio, muy inferior a la de la alúmina, constituye una ventaja más, ya que se reduce la sensibilidad a los cambios térmicos y los riesgos de irritación pulpar.  A esto se une el resultado estético elevado obtenido en la restauración total.

Además se consideran cuidadosamente las ventajas en términos de higiene oral ofrecidos por los dispositivos de zirconio respecto al titanio, como la reducción de bacterias patógenas. Una ventaja posterior también la constituye la radiopacidad del zirconio, similar a la de las aleaciones metálicas, que mejora la visibilidad en la radiografía. Además, las propiedades mecánicas del material permiten la reducción de las dimensiones de los elementos de conexión respecto a los materiales cerámicos previamente usados en las prótesis.

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